Una meta que cumplir
Partiremos, dando la definición de cristiano:
Cristiano significa “discípulo, seguidor o imitador de
Cristo”. Discípulo, porque cree en las palabras del maestro y se esfuerza por
transmitir su mensaje. Seguidor, porque recorre el camino cristiano trazado por
Cristo. Imitador, porque vive y da testimonio de Cristo en cada una de sus
acciones.
El cristiano católico acepta la fe que nos fue revelada
por Cristo y contenida en el magisterio de la iglesia católica, participa de
los sacramentos y reconoce la autoridad de los obispos unidos al papa.
(…) Comportémonos con decencia,
cómo a plena luz: nada de banquetes y borracheras, nada de lujuria y vicios,
nada de pleitos y envidias. Más bien revístanse del Señor Jesucristo, y no se
dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos. – Romanos 13, 13-14.
Probablemente se escuche, de manera constante el decir
que tenemos una meta que cumplir, un objetivo, un propósito o un sentido de
dirección hacia el cual se dirige todas nuestras energías, anhelos y esfuerzos.
Pero, sabemos ¿cuál es nuestra meta con
el señor?
Según
fuentes externas decimos:
La meta del cristiano es una: alcanzar la felicidad y
gozar de la vida eterna, aquella felicidad contenida de las bienaventuranzas
No creo haber conseguido
ya la meta ni me considero un “perfecto”, sino que prosigo mi carrera para conquistarla
como yo ya he sido conquistado por Cristo. (…) pero para mí ahora sólo vale lo
que está adelante; y olvidando lo que dejé atrás, corro hacia la meta, con los
ojos puestos en el premio de la vocación celestial, que es llamada de Dios en
Cristo Jesús. – Filipenses 3, 12-14
Hay una meta para el discípulo de Cristo. Dios tiene un
propósito para nuestras vidas. Él nos creó, nos llamó y nos salvó con un
propósito bien definido.
El cristiano tiene también una meta que se basa en la
comprensión de que no vivimos para nosotros mismos sino para el señor. Además,
es crecer, pensar, vivir, dar y amar como Cristo
Desde mi punto de vista, creo que como cristianos que
somos no debemos vivir de lo superficial, debemos de saber diferenciar entre lo
bueno y lo malo, retribuir a nuestro creador con alabanzas, oraciones o
realizar acciones que sean merecedoras de llamarnos Hijos de Dios. Es por ello
que como discípulos del señor debemos darle un espacio de nuestro tiempo para
él.
DIOS
TIENE UN PROPÓSITO PARA NOSOTROS
Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para
que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos
predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el
puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la
cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el
perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para
con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio
de su voluntad
Y
creo Dios al hombre a su imagen.
A
imagen de Dios lo creó.
Varón y
mujer los creó. – Génesis 1, 27
En Él asimismo, tuvimos herencia, habiendo sido
predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el
designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria,
nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
En Cristo Dios nos eligió
antes de la fundación del mundo, para estar en su presencia santos y sin
mancha. En su amor nos destinó de antemano para ser hijos suyos en Jesucristo y
por medio de él.
Así lo quiso y le pareció
bien para alabanza de la gracia gloriosa que nos hacía en el Bien Amado. En él
y por su sangre fuimos rescatados, y se nos dio el perdón de los pecados, fruto
de su generosidad inmensa que se derramó sobre nosotros. (…) En Cristo fuimos
elegidos nosotros: Aquel que dispone de todas las cosas y las somete a su voluntad
decidió que fuéramos pueblo suyo a la espera del Mesías, con el fin de que sea
alabada su Gloria.- Efesios 1, 4-12
Por lo tanto si fuimos escogidos por el señor para actuar
de forma correcta y no mancharnos de pecado, debemos ser conscientes de lo que
hacemos, no dejarse arrastrar por la carne para satisfacer nuestros deseos,
porque bien sabemos que la forma en la que debemos vivir está escrita en la
única fuente de información fidedigna sobre nuestro futuro: La Biblia
Dios inspiró la Biblia, ¡y sus profecías se están
cumpliendo! Nada en la Biblia indica que la recompensa del cristiano es ir al
Cielo.
Pero por esa misma razón es que debemos actuar
correctamente para poder llegar hasta allí.
Nuestro objetivo supremo es la gloria de Dios. Fuimos creados
para la alabanza de su gloria, para que, conociéndole como Padre, y sabiendo de
la grandeza de su amor, nosotros también le amáramos y viviéramos para
glorificarle. Dios es glorificado en la medida en que su eterno propósito se va
realizando en nosotros. Y donde no debemos de pagar con el mal sino por el
contrario darle la otra cara de la moneda.
En resumen: Por mi
consciencia me someto a la Ley de Dios, mientras que por la carne sirvo a la
ley del pecado. – Romanos 7, 25
Analizando nuestra realidad en la que vivimos,
adaptaremos este tema con relación a un asunto público que de generación en
generación, año tras año; viene afectando a nuestro Perú y a todos los países
del mundo. En este caso nos referimos al Trabajo
Infantil.
Para comprender mejor el tema, definiremos lo que es el
Trabajo Infantil:
“Es aquél que priva a los niños de vivir su etapa de
niñez de manera natural. Son las tareas que les impiden desarrollarse
adecuadamente y de manera digna.”
Algunas de las causas por las cuales se desarrolla este
problema son:
El desempleo a los jefes del hogar, pocas oportunidades
de trabajo, carencia de recursos, falta de escolaridad, el pago de salarios es
mínimo, la violencia intrafamiliar, la no inclusión en programas sociales
(educación, salud, etc.). Así, la situación socioeconómica, la elevada pobreza
en la que vive gran parte de la población rural campesina, la dificultades
lingüísticas no atendidas, los procesos de urbanización ligados a la
globalización y una dolarización económica y social que se expresa en los
índices de distribución del ingreso, aparecen como la base que nutre el trabajo
infantil.
Por lo tanto, es que nosotros como cristianos y
cumpliendo el objetivo que nos encomendó el señor:
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los
otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado (…)” – Juan 13,
34-35.
No debemos ser indiferentes y tolerantes frente a este
hecho de ver que los niños trabajen en las calles, por tanto nuestra meta será
: contribuir con los niños afectados desde el lugar que nos encontramos
ayudarlos con personal profesional o con simplemente hablarle sobre nuestro
creador a los involucrados de que ese niño o niña se vea expuesto a tantos
peligros, decirle que hay una persona que lo observa y no dejará que le pase
algo malo, que siempre lo cuidará y protegerá porque él es el único que lo sabe
todo y por ende , él es el que realizará las acciones correctas para el bien
siempre triunfe, haciendo que estos se sientan resguardados por nuestro señor porque
de los niños es el reino de los cielos.
Bibliografía:
Fuentes escritas:
Biblia
Cuaderno del área asignada
Autora:
Mishel Coraima Aranda Jiménez




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